viernes, 13 de noviembre de 2015

La "Madre Celestial Mormona", Misoginia y Ostracismo Camuflados



A pesar de que los miembros suelan especular en las reuniones sobre el papel de la Madre Celestial en la obra de salvación mormona, no pueden dar por sentada ninguna de dichas ideas, a menos que sean aquellas que el sentido común y la obviedad que las pocas luces del liderazgo mormón permitan escapar sobre el tema.

Como es bien sabido, ningún mormón está autorizado a decir algo sobre cualquier tema de la iglesia a menos que sea uno de los "duros", pues cualquier linea de pensamiento es socavada en el momento en que uno de ellos expresa sus "infalibles" palabras, tal como se nos dice a continuación:
 “Cuando nuestros líderes hablan, el pensamiento se ha terminado. Cuando ellos proponen un plan, este es el plan de Dios. Cuando ellos indican un camino, no hay otro más seguro. Cuando ellos dan instrucciones, esto debe marcar el fin de la controversia. Dios no trabaja de otra forma. Pensar de otro modo, sin arrepentimiento inmediato, podría costarle su fe, podría destruir sus testimonios, y a abandonarlo como un extraño al reino de Dios.” — Iglesia de Jesucristo de los santos de los Últimos Días (mormonismo), en “Improvement Era”, Junio 1945.
A pesar de tal exigencia de ceguedad, me atreveré a dar mi opinión, pues como ya me conocen, soy libre pensador y no me asusta un conjunto de palabras formando un párrafo, por muy amenazante que éste suene.

En la tradición judeocristiana es columna vertebral el mito de la creación de Adán y Eva, siendo éstos dos personajes los "progenitores" de la raza humana, y por ser Eva la madre de los vivientes, es importante saber de donde surge el mito asociado con su creación. En "101 mitos de la Biblia", de Gary Greenberg, página 46 leemos:
Mito 23: Eva fue creada de la costilla de Adán
El Mito: Hizo pues, el Señor Dios caer sobre el hombre un profundo sopor; y dormido, tomó una de sus costillas, y cerró en su lugar con carne, y de la costilla que del hombre tomara, formó el Señor Dios a la mujer, y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: «Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta se llamará varona, porque del varón ha sido tomada». Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adherirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne (Gn. 2,21-24).
La Realidad: La narración del nacimiento de Eva integra la narración egipcia de la separación de los cielos y la tierra con partes del mito sumerio de Enki y Ninhursag. 
El personaje de Eva se inspira en varios mitos, tanto egipcios como sumerios. Según el Génesis, Dios creó a Eva de la costilla de Adán. Como resultado de esta relación, Dios instauró la idea del matrimonio. "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adherirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne". (Gn 2, 21-24)
En principio, a la mujer de Adán se la conocía sólo como «la varona», porque «del varón ha sido tomada». No fue hasta después de que ella y su marido fueran expulsados del Jardín del Edén que recibió el nombre de Eva. Al darle ese nombre, Adán dijo que era «por ser la madre de todos los seres vivientes». En el Mito 17 vimos que Adán y Eva se correspondían con las divinidades egipcias Geb (la tierra) y Nut (el cielo). Según el «Texto de los Sarcófagos 80», Atum dijo que creó a Nut para que «estuviera por encima de mi cabeza y Geb se pudiera casar con ella». En otras palabras, los egipcios veían la unión de la tierra y el cielo como la base del matrimonio, y este principio se traslada al Génesis con Adán y Eva.
Mientras que Adán se convirtió en el único padre de Eva, igual que Atum (el Creador heliopolitano) se convirtió en el único padre de sus hijos, la idea de que Eva salió de la costilla de Adán se deriva de un juego de palabras en sumerio antiguo, el lenguaje literario más antiguo de Mesopotamia. Se origina con el mito sumerio de Enki y Ninhursag (véase Mito 22).
En ese mito, Enki padece de ocho dolores, uno de los cuales está en la costilla.
«Hermano mío, ¿qué os duele? «La costilla».
El nombre de la divinidad que curó la costilla de Enki era Ninti, un nombre que en sumerio tiene un doble significado. La primera parte, «Nin», significa «la dama de», pero la segunda parte «ti», puede significar tanto «costilla» como «hacer vivir». Por lo tanto, Ninti significa tanto «la dama de la costilla» como «la dama que hace la vida».
También Eva combina ambos títulos. Verdaderamente es la «dama de la costilla», ya que provino de la costilla. Y, tal y como indica su primer título, ella es la «dama que hace la vida»."
A partir de ésta mitología se forjó la creencia actual de una madre universal, siendo esta la personificación terrenal de la "dadora de vida", sin embargo, la universalidad de Eva como madre de los vivientes es limitada a los nacidos en esta esfera azul según los mormones, por lo que siendo que los dioses de éstos poseen infinidad de "mundos" como el nuestro, debe haber muchas "Evas", por lo tanto, se puede asegurar que la prominencia de la "nuestra" es únicamente sobre los nacidos en la tierra.

Según la doctrina mormona, todas las creaciones de Elohim tienen un componente espiritual, aún las creaciones inertes como la roca. Sin embargo, el ser humano es, según ellos, hijo literal de un Padre (Elohim) y una madre (cualquiera de sus "N" esposas) celestiales, quienes, a través de los medios conocidos por todos, o sea las relaciones sexuales, engendran la basta cantidad de personas que han, están y continuarán naciendo en la tierra, lo que colocaría a dichas esposas, en la posición exaltada de la "Diosa Madre".

A pesar de que es "seguro", basándonos en la doctrina mormona, que los seres humanos no tengamos la misma madre celestial dada la poligamia de Elohim, siendo en consecuencia "medios hermanos", se suele simplificar en una madre el numero indefinido de "Madres Celestiales".

Los fundamentos teológicos de la creencia en la Madre Celestial se le atribuyen al "profeta" José Smith, quien poco antes de su muerte en 1844 esbozó una controvertida visión de Dios, la que difería radicalmente del consenso cristiano tradicional en su conocido "discurso del funeral de King Follet" (en el mismo discurso también detalla su teología que incluye la creencia de que Dios va a compartir su gloria con sus hijos, y que los humanos pueden convertirse en seres exaltados, dioses y diosas, en el más allá).

Aunque no hay evidencia clara de que José Smith enseñara públicamente sobre la Madre Celestial, varios de los contemporáneos de Smith atribuyeron esta doctrina a él, ya sea directamente o como consecuencia de su postura teológica. Una nota editorial de History of the Church 5:254, presumiblemente cita a José Smith diciendo: 

"Venid a mí, he aquí los misterios que el hombre no ha visto, he aquí nuestro Padre en el cielo y la Madre, la Reina". Además, un reporte de segunda mano declaró que en 1839 José Smith le había dicho a Zina Diantha Huntington, una de las esposas plurales de Smith, luego de la muerte de su madre, que "no sólo iba a reconocer a su madre de nuevo al otro lado, sino que aparte de eso, usted se reunirá y familiarizará con su eterna Madre, la esposa de su Padre en el cielo".
También en 1845, tras el asesinato de José Smith, la poetisa Eliza R. Snow publicó un poema titulado Mi Padre en el Cielo (más tarde titulado Invocación, o los Eternos Padre y Madre; ahora se utiliza como la letra del popular himno SUD "Oh mi Padre"), el cual reconoce la existencia de una Madre Celestial. Un fragmento de este himno se reproduce aquí:
Eliza Snow
¿Hay en los cielos padres solos? Clara la verdad está; la verdad eterna muestra: madre hay también allá. -- Himnos, Nº 187
Algunos de los primeros mormones consideraban a Eliza R. Snow una profetisa a pesar de que no lo era, pues va en contra del pensamiento machista del liderazgo mormón que una mujer llegue a tan "encumbrada" posición. Pero, dado que ella fue esposa de José Smith y luego de Brigham Young, su cercanía con ambos personajes pudo haber influido en su afirmación, sin mencionar que el hecho de que la iglesia siga usando el himno en mención como recurso de adoración oficial, dándole peso a la afirmación, algo que fue confirmado posteriormente por el Presidente de la Iglesia Joseph F. Smith (sobrino del profeta José Smith), quien explicó su propia postura al respecto: que "Dios le reveló a José Smith el principio de que tenemos una madre y un padre en el cielo; José Smith se lo reveló a Eliza Snow Smith, su esposa, y Eliza Snow se inspiró, al ser poetisa, para presentarlo en verso".

La doctrina también se atribuye a varios otros de los primeros líderes de la Iglesia. De acuerdo con un sermón de Brigham Young, José Smith dijo una vez::
"no adoraría a un Dios que no tuviera un padre, y no sé que haría Él si no tuviera una madre; la ausencia de lo primero sería tan absurdo como la ausencia de lo otro" -- Brigham Young, Journal of Discourses, vol.9, p. 286
Esta doctrina, la de que hay una Madre en los cielos, fue en una ocasión afirmada con claridad por la Primera Presidencia de la Iglesia cuando, al hablar de la preexistencia y el origen del hombre, dijeron: 
"el hombre, como espíritu, fue engendrado por padres celestiales, nació de ellos y se crió hasta la madurez en las mansiones eternas del Padre"; el hombre es "simiente de paternidad celestial", y "todos los hombres y mujeres son a semejanza de un Padre y una Madre Universal, y son literalmente hijos e hijas de la Deidad". -- Hombre: Su Origen y Destino, pp. 348-355, Joseph F. Smith, John R. Winder, y Anthon H. Lund
Habiendo sustentado la parte doctrinal mormona en cuanto al tema, cabría decir que algunos miembros "feministas" adoptaron la práctica de orar a la Madre Celestial, lo que causó que el Presidente Gordon B. Hinckley se pronunciara en contra de la misma. 
"La lógica y la razón ciertamente sugieren que si tenemos un Padre en el cielo, tenemos también una Madre en el Cielo. Esa doctrina descansa bien conmigo. Sin embargo, a la luz de la instrucción que hemos recibido del Señor mismo, considero inapropiado para cualquier persona en la Iglesia orar a nuestra Madre Celestial ... El hecho de que no oramos a nuestra Madre Celestia de ningún modo la menosprecia o denigra ... ninguno de nosotros puede aumentar ni disminuir su gloria de los cuales no tenemos conocimiento revelado." -- Gordon B. Hinckley, "Daughters of God," Ensign (November 1991), 97. off-site (Inglés)
Entonces, tal como lo veo, la Madre Celestial mormona, quien quiera que ésta sea, a pesar de gozar de la "misma gloria" celestial del Padre, es completamente "inapropiado" orarle, pues es inconcebible para la mente machista del liderazgo mormón que una mujer sea objeto de culto. Por consiguiente, a pesar de que los mormones continuamente estén afirmando que la mujer goza de la misma posición en la teología mormona, su aseveración carece de fundamento, pues aunque una mujer llegue a la "exaltación", solo será útil para procrear los hijos de su esposo Elohim, tarea que compartirá con vaya usted a saber cuantas "diosas" más, creencia parecida a la del islam, donde el papel de la mujer en le "paraíso" está supeditado a los deseos sexuales de los hombres que van allí luego de morir en "yihad". Además, sus "hijos" no sabrán quien es ella, no podrán rendirle culto, no podrán expresarle agradecimientos ni solicitarle favores, tal como lo harían con Dios-Padre, por lo tanto, no es igualitaria la posición, más parece un ostracismo por causas machistas.

Como dato de cierre, hay una interesante historia en el libro "La Porción Sellada, El Testamento Final de Jesucristo" de Christopher Mark N, dónde se le otorga nombre a la Madre Celestial del hermano de Jared al mejor estilo de José Smith. Luego de contemplar a Jesucristo y Elohim, el hermano de Jared observó que había muchas mujeres con ellos, y tras preguntarle al Padre quienes eran esas mujeres, Elohim hizo señas a una para que se acercara, y luego: 
"... la mujer me habló diciendo, he aquí hijo mío, yo soy la Madre de tu espíritu y mi nombre es Marihala. Yo soy la que he proveído los materiales necesarios para que tu Padre, quien es mi hermano y amigo, pudiera crear tu espíritu". - La Porción Sellada, Cáp. 3: 29
Interesante cierto, y si Smith puede asegurar que es profeta, y como prueba tenemos su palabra únicamente, entonces, ¿Por que no creerle a éste Chritopher también? Obviamente, éste señor Mark es otro de éstos pseudoprofetas, que por ser tan influido doctrinalmente por el mormonismo, sabemos que no es más que una extensión de las invenciones de la secta.

En conclusión, la teología mormona demuestra su creencia en una diosa madre, que en realidad sería un número indefinido de "madres celestiales", quienes por una razón de género no pueden ser objeto de culto para sus "hijos", pues para el mormonismo, aunque sus defensores aseguren lo contrario, la mujer no se puede igualar al hombre.


Si deseas leer el ensayo de la iglesia sobre la madre celestial, puedes hacerlo aquí.

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